lunes, 8 de marzo de 2010

Paris 1

Pancho , como tantas otras veces , recurro a vos , a tu pantalla en blanco y el espaciador que titila al ritmo de las pausas del pensamiento.
Pero de que manera decirte las cosas no es una preocupación para mi , porque para mi sos así , un espacio despejado , un camino libre para garabatearme y corregirme.
Es así Panchito ? Quiero que me quieras como soy , como me lees . Tus respuestas son caricias , que tonto suena . Siempre fue a así , cuando digo algo que te causa gracia , se me oxigena el cuerpo , cuando me haces bolsa con una respuesta simple me fascina , cuando me redoblas la apuesta , cuando me querés de lejos y sin modestia . No hay forma de explicar la brisa fresca que ventilan tus palabras .

Y Paris . quien busque una enfermedad devera tomarse el minucioso trabajo de encontrar sus causas . Revertir el collage , refugiarse en la tela base , en el cuerpo anatomico y despegar la Paris de los sueños , la Paris turística que se lleva en el bolsillo . Y Paris : la real .
Corajudos o ansiosos decidan talvez tragarla entera ; que al fin , todo se mezcla adentro.
Pero Paris , Paris es mi enfermedad.
Y hay que palpar , entonces , cordialmente los puntos blandos de su rigorosa elegancia , como un animal fino , jugar en el filo de sus demonios. Paris supura ambar , pide mas cuidado y resalta sus caprichos .
El glamour de sus celestes , y el pavimento rociado por el tenue amarillo de los faroles. Firmes aun si espantados , quedrian poder eliminarse de ciertas escenas y postales . Faroles que todo lo han visto y todo lo ven. Pero faroles que no son dueños de ellos mismos.
Pero faroles de donde mas , se resignan .
Recuperando los pedazos de pelicula que se cortan y destiñen y que son al fin , el aire respirado en set.

Nuevos personajes se tiñen y estrian mi historia parisina , se funden en una y mil caras de anchas cejas y campanitas de almacen , hombres androgenos , velos de colores tan vivos que parecieran gritar por ser descubiertos , pelos alborotados a la moda y gafas desproporcionadas . Miradas fijas , duras como la piedra que han cargado y la historia que han de cargar , perros anchos y enanos , el cuerpo careado de los vagabundos , turistas que ven a la velocidad del obturador.

Besos que no significan nada , besos que significan , tal vez un poco , borracheras , retoques de perfume , caramelos a la madrugada , dormidas comunales , gatos caseros que se tornan familiares.
Son aquellos que me recibieron , que me sacan los pies del agua , me sacuden un par de algas , me empujan sin dejarme mirar atrás el oceano divisor de continentes .
Quien no podria quedarse la vida entera contemplando su quietud , sus arranques , la verdad de sus colores , intentar develar el secreto de su centro hasta enloquecer . Calcular la distancia .
Quien quiera calcular la distancia esta perdido.

Es facil para el artista decir que esta cosechando su gran obra de arte , mientras contempla un horizonte que no cambia y los pinceles se llenan de polvo.
Acoplarse a los bips de cada artefacto , al solo sobre de azucar , al
“encanto de lo antiguo” , a la sala de baño , a arboles resignados por el frio .
Sonrisas cortas y suspiros largos .
Es un desafio hermoso , como un nuevo juguete para un niño , que no sabe de reglas ni de ganadores , si no de formas , sonidos y colores .

Imposible responder “ Porque Paris “ . Porqué fue siempre Paris .
“ Que pregunta! “ , respondo . Como si mi viaje pesase con un secreto viejo y hondo , que podria remitirse a grandes deseos de aventuras , algun ingenuo amor , un divorcio fatal que destruyo una familia de clase media , la rebeldia tipica de la edad , o la paqueteria del lenguage.

No tengo respuestas claras al respecto , nada que calme la ansiedad del oyente .
Aun cuando he intentado situarla en el nivel de “ bien “ , como un buen queso o una pelicula de domingo , el oyente se aburre de no obtener la verdad , y yo me acaloro por no tenerla en mis manos.

Pero mas bien , Pancho , la veo estatica , vieja , beige , silenciosa como un museo de embalsamados .
La pecera contiene los vapores que suplantan la vibración del alma , lo mas visceral se ahoga en telgopor y pequeños ojos de vidrio reflejan en un angulo aberrante a los turistas curiosos.
Y los embalsamados estan asi , en su ultimo respiro de vida , ebrios del panico , inmóviles en su ultima pose de combate .

El tren se asoma , las señales se vuelven líneas , la gente estática , sin volumen , cortada a la mitad , como papel o personajes de algún anuncio publicitario.
Pulidos , sin imperfecciones , de colores puros como la plastilina , de vidas de juguete , como la Francia que se ve como maqueta desde lo alto , como la luna cuando esta llena , o los tachos de basura que dividen el reciclaje .

Las noches en mi cuarto se deslizan entre diferentes franjas horarias , las dos , tres de la mañana me rozan con la otra mitad del mundo , un punto electrónico me acerca donde los otros me sienten cerca y yo me paseo tan lejana , sobornando la distancia , simulando un horizonte , creando arrepentimientos y amistades . Creyendo que nos amamos .
La realidad pareciera flaquear por un momento y trasladarnos exactamente adonde quisiéramos estar : un mundo paralelo donde el resto se descompone y pareciese posible transitar la vida juntos así , pixelados y con microsegundos de delay .

La voz de la mujer que anuncia las estaciones comienza a tomar cuerpo , los faroles pujan una ultima onda de luz y le ceden su trabajo al palido sol matinal .
Los vasos de vino se buscan baratos y los puchos prestados .
En alguna puerta del bar . Ya un bar , la puerta se torna cada vez mas pesada . Los puchos mas livianos y los faroles mas borrosos.

Son esos momentos donde se que estoy en paris , en esos estados de conciencia , que nunca llamare superiores , si no diferentes.
El viento sopla y es Paris . Maquinas gubernamentales limpian a fondo sus secretos nocturnos , y no dejan rastro . Mas que a mi , hediendo a noche , con el cuello que se balancea al peso , patas torpes y arrastradas . Hasta que uno ancla el vaiven , mira a su alrededor . Reflectores resaltan los dos ventanales desde donde Notre Dame vigila la isla , el puente no obvió nuestra pasada , el viento busca caras para romperse , bifurcarse y tomar envión.
Y es ahí , con la lengua atrapada en la carnosidad de las mejillas que uno se dice a si mismo : a la puta …estoy en Paris .

En fin mi amigo , no mucho mas para contarte , te quiero , te pienso , te extraño , me tranquiliza saber que estos caminos fueron caminados por vos , los puentes son mas estables , las columnas firmes , las chicas talvez un poco mas interesantes. En fin .
Escribíme , sabes que siempre te estoy esperando.
Male

2 comentarios:

alejandro dijo...

Prohibido destruir mi mundo. Genio

Marcela Vivar dijo...

Pero que sorpresa el encuentro blogistico!
De curiosa me puse a leer y me quede un rato largo y lo disfrute.
Nos vemos luego entre platos y harico.